miércoles, 28 de noviembre de 2007
Nuevo cuento
Acá les dejo mi último cuento. Lo presente en un concurso, mi arrogancia volvió a desplomarse al ver que ni en el orden de méritos apareció. Sin embargo con Aquella Noche me contesté la pregunta que siempre me daba vueltas por la cabeza: ¿qué justifica la existencia de la palabra eternidad?
Aquella noche
Limpió el filo con su manga y deshizo sus pasos.
Sobre los mosaicos de la cocina quedaba la mujer exhalando por última vez. El cuerpo exangüe, delgado y frágil se volvió inmóvil.
Salió del departamento, sin preocuparse por dejar rastros. Se propuso no pensar más en lo que acababa de hacer. Ya en la calle era nadie.
Y volvió a rondarle la inoportuna pregunta, la de siempre. ¿Cuál era la razón de su existencia?
Desde hacía años, como ahora, ensayaba respuestas que frenasen el agobio. Pero ninguna resultaba convincente.
Algo detuvo su andar, miró hacia la otra vereda: por la ventana brotaba un atisbo de desconsuelo. Sintió la necesidad de estar allí.
Le fue fácil entrar. Intentó que no se notara su presencia por los pasillos. Abrió la puerta observando de un extremo a otro del corredor. Evitó sonido alguno.
En una de las camas, junto a la pared de azulejos, yacía un hombre, un pobre ser desesperanzado. Esa fue la sensación al verlo: un joven con nada más que una bata blanca cubierto por una sábana inmaculada. La escena no le permitía entrever más.
No lo dudó: se acercó a él. Sin hostilidad. Sin odio. Sin violencia. El hombre abrió los ojos, sonrió por última vez… y ese fue su gesto final.
Deshizo sus pasos, limpió la hoja sobre su manga. Salió de la habitación pensando: su presencia había permitido aliviar la agonía de esa persona.
Sin embargo le tomó minutos volver al descontento: se dio cuenta de que esa trivialidad había sido inferida por el contexto del pobre hombre.
Seguía sin poder comprender su propia existencia.
Ganó la calle sin que nadie percibiera nada. Sabía que no había tenido infancia, ni pubertad, ni juventud. Sólo presente, como si hubiera nacido así como era. Pero nada de eso alivió su insatisfacción.
A las pocas cuadras logró entrar en otra casa.
Investigó cada habitación.
En un cuarto se encontró con dos pequeñas niñas que se miraban cara a cara. Al acercarse vio que no eran dos: sólo una que se reflejaba ante un espejo.
Se paró frente a él. Pero el espejo no le devolvió ninguna imagen, no lo haría jamás.
Meditó otra forma de hacer lo de siempre.
Deshizo sus pasos dejando atrás el inerte cuerpo de la niña.
Aquella noche, en esa habitación, no tuvo necesidad de limpiar el filo de su guadaña.
miércoles, 4 de abril de 2007
JJ, un excelente escritor
Difícil de leer
JJ Aiello, Julio de 2006
Sobre una idea de JF Ameghino
"That is not dead
Which can eternal lie
Yet with strange aeons
Even death may die."
H.P. Lovecraft
DIA 1
La causa se caratuló “muerte dudosa” y fue a parar al Inspector Figueras.
Cuando la policía finalmente entró tras forzar la puerta los vecinos se amucharon a la entrada del 4 b con ese morbo irracional y casi natural que mueve a mirar accidentes y muertos en circunstancias poco usuales, casi como si uno se alegraran de no ser el accidentado.
Habían sospechado que algo raro había sucedido porque los del 4 a notaron ese olor tan desagradable que salía del cadáver que ya empezaba a descomponerse y el encargado se dio cuenta que no veía al tipo del 4 b hacía bastante tiempo.
En el caso del 4 b, los vecinos casi ni conocían al occiso. Lo tenían de vista y algunos lo conocían de nombre: Raúl. Era un tipo que vivía solo y alquilaba el departamento de 1 ambiente, con ventana al pulmón.
Por lo que declararon los vecinos y el encargado del edificio, la policía supo que se había mudado hacía pocos meses y usaba el departamento solo a la noche. Lo veían todos los días salir vistiendo traje, camisa y corbata y llevando un bolso de esos que se han vuelto tan comunes en los últimos años, que son para llevar computadoras portátiles, pero que uno llena de papeles, libros, cuadernos y cosas así porque puede pagar el bolso pero no la computadora portátil.
Figueras se retiraba ese año y pensaba poner una casa de artículos de pesca en Chascomús. Siempre fue un tipo recto, de altos ideales y rápida acción. Viudo desde hacía varios años, con los hijos grandes y haciendo sus vidas, sus ocupaciones eran el trabajo policiaco y la pesca.
Fue al 4 b apenas le asignaron el caso. El oficial de guardia en el lugar esperó afuera mientras el Inspector revisaba el lugar.
Ya habían retirado el cadáver. No había signos de violencia. El departamento constaba de un ambiente, cocina/lavadero y baño. Una banderola en el baño, un extractor en la cocina y una ventana bastante grande, que daba hacia el pulmón del edificio, eran la única ventilación que tenía el lugar.
Figueras empezó a tomar notas de lo que había a la vista. Un sofá-cama sin deshacer, una mesa rebatible armada con una carpetita y un bowl con frutas de cera encima; dos sillas, una biblioteca con libros, y un mueble con una computadora encendida.
Raúl había sido encontrado muerto sentado en una de las sillas frente a la computadora. La otra silla estaba dispuesta frente a la mesa rebatible. Había una luz en el techo y un velador en el mueble de la computadora.
Figueras se tomó unos segundos para reflexionar un poco, y finalmente se sentó frente al mueble donde estaba la computadora. Pegados en los bordes del monitor había infinidad de calcomanías de lugares para pedir comida, y algunos de esos papelitos amarillos con un poco de pegamento que se usan para hacer anotaciones rápidas. En el escritorio había un papel con 5 nombres con una cifra al lado. 3 de ellos estaban tachados con una línea horizontal. Había además varias boletas de servicios e impuestos, todas a nombre de un tal H. Picardi, seguramente el propietario del departamento. Solo la banda ancha estaba a nombre de Raúl.
La computadora daba todas las señas de haber estado en uso justo antes de la muerte de Raúl, pues bajo el protector de pantalla estaba abierto el programa de correo e-mail, y el mensajero instantáneo. El programa de correo tenía un mensaje a medio escribir y al que le faltaba poner los destinatarios. El título del mensaje era “On neivra” y el texto parecía una especie de mensaje en un lenguaje desconocido. Figueras completó su dirección de correo e-mail en el campo de destinatarios y envió el mail a su casilla para examinarlo más tarde.
En el mensajero instantáneo había arriba de cien contactos, a juzgar por los apodos casi todos de sexo femenino. Estuvo tentado el Inspector de escribir un mensaje con algunos de los contactos, pero descartó la idea de inmediato.
Examinó el papel con los nombres, que eran nombres sin apellido, todos de varón; y buscó similitud entre los contactos del mensajero. Vio enseguida que estaban todos, e incluso algunos repetidos. Se guardó el papel y siguió revisando las carpetas de la computadora.
Le llamaron al celular para avisarle que habían averiguado dónde trabajaba Raúl y decidió ir al lugar a buscar algún indicio.
Era una oficina de importación y ventas de artículos de hardware y electrónica. Principalmente importaban de China y Taiwan y los distribuían por medio de reducidores que vendían on-line y por venta telefónica. Le explicaron que el trabajo de Raúl era la logística de distribución y la atención de algunos canales de gran volumen de ventas.
Los nombres en el papel resultaron ser compañeros de trabajo que le estaban entregando a Raúl dinero para un regalo de cumpleaños de otro compañero.
Por lo que pudo saber, Raúl era un tipo metódico y pacífico que se llevaba bien con todos. En realidad no es que se llevara bien; más bien era indiferente a todos y eso evitaba problemas. De todas maneras todos se sintieron muy afectados al saber que había muerto. Especialmente una chica que rompió a llorar desconsoladamente. El Inspector le pidió que después del trabajo le llamara para que le cuente lo que supiera sobre Raúl. Ella le prometió que le llamaría y se despidieron hasta más tarde.
De inmediato el Inspector regresó al departamento de Raúl a fin de concluir con sus pesquisas.
Examinando la biblioteca descubrió varios libros sobre programación de computadores, sistemas de seguridad para Internet, libros de esoterismo, varios libros de autoayuda y unas pocas novelas, todos best-sellers de Stephen King y autores del mismo género literario.
Volvió a la seccional para empezar a ordenar lo que había averiguado y almorzar algo. Después de comer estuvo discutiendo sus hallazgos con sus colegas. Las conclusiones que podían llegar a sacar eran muy vagas y decidieron que lo mejor sería indagar un poco más en el trabajo y con los vecinos, y esperar el resultado de la autopsia, que seguramente sería al día siguiente.
Puestas así las cosas, Figueras se dedicó unas horas a ayudar a sus colegas en los respectivos casos.
Pasadas las 6 de la tarde la compañera de trabajo de Raúl llamó al número que Figueras le había dado y quedaron en encontrarse en un bar. Figueras no quería ahuyentar a la chica citándola en la seccional.
La chica se llamaba Marcela y trabajaba en la misma área que Raúl. Le contó al inspector que él había estado en el trabajo desde antes que ella y que le había ayudado mucho a hacer bien su trabajo. Ella lo quería más que a los demás compañeros y aunque no tenían una amistad profunda habían salido un par de veces al cine y a comer algo. Figueras supo por Marcela que Raúl estaba intentando mejorar en su trabajo haciendo cursos de computación. También supo que Raúl tiraba el Tarot y leía la borra del café. Marcela no tenía mucha más información y parecía sincera así que Figueras la dejó ir con la advertencia que le avisara si pensaba viajar, en caso que la policía tuviera que indagar alguna otra cosa.
DIA 2
La autopsia reveló muerte súbita. No había signos de intoxicación, ni substancias venenosas, ni presencia de signos de sofocación por alergias, violencia, envenenamiento ni heridas de ningún tipo.
El secretario del juzgado recomendó archivar la causa y al Inspector le pidieron un informe por pura formalidad para cerrar el caso.
Figueras no estaba muy conforme con el resultado del caso y le pidió al comisario inspector un poco más de tiempo antes de abandonar.
Lo primero que hizo fue ir al e-mail y sacar una copia impresa del mensaje misterioso.
Estuvo varias horas revolviéndose los sesos con el mensaje de marras y no conseguía engancharle la vuelta.
Esa noche al llegar a su casa recibió una llamada desde Chascomús. La hermana de un gran amigo suyo, Arturo Bonpland, le avisaba que Arturo había fallecido hacía unos minutos.
Figueras manejó hasta Chascomús para dar el último adiós a su amigo y allá se enteró de dos detalles que lo perturbaron bastante. A Arturo lo había encontrado el hijo de la hermana tirado al lado de la PC con la que se entretenía resolviendo y diseñando juegos de ingenio y palabras cruzadas; y el médico de confianza de la familia había firmado de inmediato el acta de defunción para que no lo “tocaran”.
Figueras conocía bien al médico y fue a hablar con él. El médico, que además estimaba mucho a Arturo, le confesó a Figueras que en el acta había puesto infarto y paro cardio respiratorio, pero que en realidad, al examinarlo Arturo parecía un caso de muerte súbita. La postura del cuerpo, la expresión de la cara, la flaccidez de los miembros sugerían que simplemente se había desplomado sin vida.
Cuando después del entierro la familia le permitió a Figueras ver el lugar dónde había muerto Arturo, la obsesión le ganó terreno. En la pantalla de la PC estaba abierto el mail con un mensaje.
Título: “On neivra”
Remitente: “Osvaldo Figueras”
DIA 3
Figueras volvió a Buenos Aires perturbado e inquieto como nunca había estado. Las ideas se arremolinaban en su cabeza. Dos muertos de lo mismo en circunstancias similares, mucha casualidad y sin embargo un indicio imposible ¿Qué era ese mensaje? ¿Cómo había salido de su PC y aparecido en la de Arturo? ¿Sería un virus de esos que envían mensajes sin que uno lo sepa? ¿Pero cómo explicar las dos muertes frente a la pantalla del mensaje? Era una locura.
Al mediodía recibió otra noticia terrible. Un sobrino suyo, un chico estupendo de 19 años, había caído en coma. Figueras, ni sabe cómo, le preguntó a la voz del teléfono si el chico estaba usando la computadora cuando sucedió la tragedia. La respuesta casi lo mata: SI!
Febrilmente volvió al departamento de Raúl. Ahí tenía que estar la clave de todo. Era imposible pero Figueras estaba desesperado.
Llegado al departamento empezó a revisar de nuevo los datos de la computadora.
El amanecer lo sorprendió frustrado y agotado, pero no podía abandonar. Necesitaba una pista, una punta de donde aferrarse antes de perder el juicio. No se atrevería a comentar las ideas que tenía con sus colegas, no encontraba las palabras, no sabía bien cómo lo mirarían y definitivamente necesitaba algo más concreto.
De la computadora pasó a la biblioteca. Estuvo hasta la noche sentado en el piso leyendo párrafos sueltos de los libros de Raúl. Finalmente vencido por la presión y la fatiga descubrió leyendo la solapa de uno de los libros de esoterismo que se trataba de una publicación reciente y estaba escrito por una autora que residía en Buenos Aires.
Llamó al teléfono de la editorial que figuraba en la contratapa y una máquina contestadora le dijo que el horario de atención era de lunes a viernes de 8 a 17 hs y que esperara la señal si quería enviar un fax.
Colgó. Eran las once y media de la noche.
DIA 4
Se despertó vestido sobre la cama de su habitación, con el libro sobre el estómago. Fue al baño y la cara que vio al espejo le mostró un anciano agobiado y de pelos revueltos y barba crecida. Se enjuagó con agua fría y abrió la ducha para darse un baño.
Se tomó un café instantáneo, se duchó rápido, se vistió y salió con el libro para la editorial.
El hecho de ser policía le facilitó las cosas para dar con la autora.
Por lo que le adelantaron en la editorial era una señora bastante famosa en el circuito esotérico y no era muy afecta a las visitas inesperadas.
Figueras hizo caso omiso al consejo y antes que llamar por teléfono se fue hasta Belgrano y se presentó a la puerta del edificio donde vivía la señora.
Frente al portero eléctrico le explicó a la asistente de la Sra. Aurora que él era inspector de la policía y necesitaba consultar un tema muy importante. Lo dejaron subir a los pocos minutos.
La señora ocupaba todo un piso y Figueras fue recibido en un living casi en penumbras, alumbrado por unas velitas, con olor a sahumerio y decorado al estilo oriental. La asistente le ofreció sentarse en un sofá enorme y le pidió que aguarde unos momentos hasta que la señora lo recibiera.
Se entretuvo mirando los tapices que decoraban las paredes, todos motivos surrealistas: calaveras, diablos, símbolos, números....
La Sra. Aurora entró desplazándose sutilmente y de pié ante el Inspector extendió la mano para que se la besara.
Después le dirigió la palabra:
-Sé para que vino, y no puedo ayudarle. Lo recibí por educación y para que entienda que no tiene que molestarme.
-¿De veras sabe por qué vine?
-Vino a que le resuelva algo que su cabeza es incapaz de comprender. Siempre vienen policías incompetentes a fastidiarme.
-Bueno mire Sra. Ya me habían avisado que no le gustan las visitas, así que concédame solo una respuesta concreta y me voy para no molestarla más.
¿Una persona puede morirse por leer algo en una computadora? Le juro que solo puedo preguntárselo a usted, porque es algo que nadie más puede contestarme sin pensar que soy un loco.
-¿Usted piensa que soy estúpida? Señor Policía, hay verdades que nadie puede aceptar y seguir manteniendo la razón. Desde su punto de vista yo soy una loca y le diga lo que le diga no le va a servir para nada.
Entonces Figueras se arrodilló ante la mujer y le rogó que le escuchara antes de echarlo y le contó toda la historia de punta a punta.
La Señora lo escuchó sin interrumpirlo y finalmente le dijo:
-La magia que ud. describe es muy antigua y viene del rencor de los esclavos. Es Vudú de Haití y muy pocos pueden manejarlo. El Vudú sólo funciona si uno cree que va a funcionar. Estoy muy cansada Señor Policía, por favor váyase.
DIA 5
Estaba acorralado, loco, agotado. No sabía cómo resolver las cosas. Dos muertos, un chico agonizando, y él en medio de todo; de alguna forma responsable por Arturo y el chico, y tal vez más gente. ¿Cómo avisarles? ¿Cómo frenar la locura?
Entonces supo. Un mail era lo más rápido.
Se sentó y empezó a escribir una advertencia para enviarla a todos los contactos:
Título: “No leer el mensaje anterior”
...pero algo iba muy mal. Mientras escribía los dedos lo traicionaban y salían otras palabras:
Título:”On elre nemasej”
Borró, y probó otra vez. Era lo mismo. Una locura. Había oído hablar de la disgrafía, pero era distinto, el enfermo de disgrafía no se da cuenta de los errores, era distinto esto, era otra cosa.
Estuvo esforzándose en escribir y finalmente se le ocurrió una idea. Usaría el texto original para figurarse cómo era el cifrado y escribir la advertencia al revés y que quedara al derecho.
Buscó el papel impreso y no lo tenía. Buscó en los mensajes de e-mail y leyó:
“Seet se le ída ed ut ohar. Le moherb nalboc usmucibár a al amaig enarg. Is et aerrneipset ed neiuq eser y ed sal lafsat ed sut apserd essár repodanod la ellrag a al eitarr ed sol reumsot”
DIA 6
La hermana de Figueras había llamado a la seccional y eso los puso sobre alerta. Se dieron cuenta que hacía dos o tres días que no sabían de él y mandaron una patrulla al departamento.
Ahí lo encontraron: muerto frente a la computadora.
La causa se caratuló “muerte dudosa” y fue a parar al Inspector Rodríguez...
miércoles, 14 de marzo de 2007
Un cuento perdedor
Puré chino
por Javier Ameghino
El viernes la madre de Carmen comenzó a preocuparse por la falta de apetito que su hija dejaba ver hacia algunos días. Ya no sospechaba que era un capricho de una niña de seis años. Por la noche decidió tentarla con algo dulce, había preparado budín de pan que era uno de los postres preferidos de Carmen. Sirvió una suculenta porción y la puso sobre la mesa.
–Tomá Carmen, le puse dulce de leche y crema como a vos te gusta –dijo la madre mientras levantaba los otros platos que estaban sobre la mesa. Carmen escudriñó el postre y con el dedo índice tomó una pizca de dulce de leche para saborearlo. Desde la cocina, la madre estaba atenta y a la espera de que ella clavara la cuchara. Pero fue inútil aquella estrategia, la niña empujó lentamente el plato hacia el centro de la mesa.
–No lo quiero mami, no tengo hambre –dijo desganada. Ni los dulces le despertaban las ganas de comer.
Por la noche llegó el padre del trabajo. Su esposa, que estaba en el living tejiendo, lo vio pasar y balbuceó:
–Buenas noches.
–Que tal –contestó secamente y sin detenerse se dirigió hacia la habitación de Carmen. La niña estaba dormida, él se reclinó y la beso en la frente. Salió de allí y fue hacia la cocina. Abrió la heladera y tomó lo que había quedado de la cena: guiso de arroz. Puso a calentar una porción. Mientras cenaba en la cocina, su esposa dejó el tejido y fue a dormir preguntándose si su hija estaría enferma. A la mañana siguiente, como seguía intranquila, llevó a Carmen al médico. La revisó y no encontró nada físico:
–Mire señora, si su hija en unos días no revierte el cuadro vamos a comenzar a darle vitaminas –advirtió el médico.
Llegó el domingo. El padre notó que su hija no había probado ni un bocado del almuerzo. Pensó que quizás no le gustaba la comida o que en el desayuno se había excedido con las galletitas dulces.
–Hija, ¿te sentís bien?, ¿por qué no comes?, ¿no estarás comiendo muchas golosinas? –dijo con tono de voz elevado.
–Lo que pasa papá es que no tengo hambre –musitó.
–Si, ya veo querida. Pero si no comes te vas a enfermar. ¡Y nada de andar comiendo de esas porquerías que vos siempre comes!, tenes que comer comida –dijo enojado. Carmen compungida agachó la cabeza y se fue a su habitación. El padre, sin levantar la vista del plato, preguntó a su mujer:
–¿Carmen esta enferma o es un capricho?, ¿qué le pasa?
–Te dignaste a preguntar por tu hija, ¿era hora no? Mirá, no se, a mi también me gustaría saberlo. El médico no le encontró nada –dijo ella y repentinamente empezó a llorar- ¡No soporto más esta situación!, me siento sola, por favor por lo menos ayúdame a lograr que Carmen coma algo –dijo entre sollozos. El marido la escuchó sin mirarla, se levantó de la mesa y se fue hacia su habitación. Se acostó en la cama y se quedo pensando sobre lo ocurrido.
Al siguiente día, el padre de Carmen volvió del trabajo antes de la hora del almuerzo:
–A partir de hoy comienzan mis vacaciones –dijo en voz alta al entrar a la casa. Después de cinco años se había dado cuenta que necesitaba tomarse un tiempo para descansar. Desde el living su esposa levantó la mirada del tejido que tenía entre las manos, incrédula sonrió. Carmen escuchó la noticia, saludó sin ganas al padre y se fue a su habitación. Seguía afligida.
Mientras estaba jugando con las muñecas, un fuerte aroma a ajo la llevó hacia la cocina. La extrañó ver al padre con el delantal puesto y cocinando, estaba preparando carne frita con ajo. Dio media vuelta para irse pero la detuvo la voz de él:
–También voy a hacer puré chino.
–¿Puré chino?, ¿qué es eso papá?
–Es un puré que lleva papas, un poco de manteca, una pizca de sal y otra de nuez moscada, pero la diferencia esta en cómo lo preparo, ¡y lo rápido que lo hago!, ya vas a ver –exclamó sonriente–, es una receta que aprendí cuando era muy joven, cuando estuve en China.
Carmen se asombró y preguntó:
–¿Cuándo estuviste en China?
–Antes de conocer a tu mamá, viajé a China para aprender a cocinar.
Carmen se quedó inmóvil esperando mas detalles. El padre le pidió que se vaya a sentar a la mesa y que esperase allí por el almuerzo. Faltaba hacer el puré. Carmen no obedeció y preguntó:
–¿Cómo se hace el puré chino? –solo veía un bol sobre la mesada de mármol y un plato con carnes fritas al ajo.
–¡Ah! Ese es el secreto y solo te lo voy a contar si lo probás, sino no puedo contarte nada – contestó.
Carmen cambió la expresión, le gustó el desafió. La madre desde el living escuchó todo, se secó una lágrima que le corría por la mejilla, se levantó del sillón y se dirigió hacia la cocina.
–¿De que están hablando? –preguntó ella.
–Papá va a hacer puré chino, ¿a vos te gusta mami?
–Sí, claro, como no me va a gustar. Es riquísimo. Anda a sentarte a la mesa que yo ya llevo las cosas –indicó la madre con el dedo índice apuntando hacia el living. Miró al esposo y preguntó disimuladamente si había cocinado también para ella.
–Sí –contestó secamente sin mirarla.
Carmen los estaba observando, su rostro volvió a entristecerse. El padre al ver a la hija frunció el ceño y le ordenó que fuera a sentarse a la mesa. Carmen tomó la mano de la madre y juntas fueron hacia el living. A los cinco minutos apareció el padre con un bol lleno de puré humeante y las carnes al ajo con penetrante aroma. Sirvió puré para los tres y le pidió a Carmen que fuera la primera en probarlo.
–Si querés que te cuente los secretos que aprendí en China vas a tener que dejar el plato limpio –dijo el padre.
Carmen no emitió sonido y con el tenedor tomó una pizca, se la llevó a los labios, la degustó y exclamó sonriente:
–¡Es rico papá!
Sin embargo, no quiso comer más. La madre agachó la cabeza y siguió comiendo. Al rato intentando llamar la atención de su hija dijo:
–La verdad que en China saben como hacer un rico puré de papas, ¡es delicioso!
Carmen los observaba. El padre, mirando a la esposa dijo:
–Opino lo mismo, el puré chino es el más rico del mundo.
Ambos se quedaron mirando largo rato. Carmen los observó, tomo otro bocado, y con el puré en la boca exclamó:
–¡Estoy llena!
Al finalizar el almuerzo, el padre se fue de la casa. Regresó por la tarde, cerca de la hora de la cena. Carmen comenzaba a mostrarse débil, llevaba algunos días sin comer. El padre se acercó a la esposa y preguntó si Carmen había comido algo, ella negó moviendo la cabeza.
–¿Quién quiere puré chino que quedó del mediodía? –preguntó el padre en voz alta.
La madre sonrió y con una mirada cómplice contestó:
–Es mejor que lo coma Carmen así puede conocer la historia.
Carmen lo escuchó y desde su habitación gritó:
–¡Yo papá!
Cuando el padre se dirigía hacia la cocina, la esposa lo tomó de la mano y preguntó:
–¿Puedo ayudarte?
–Sí, si vos querés.
Carmen, salió de la habitación donde estaba jugando, vio que los padres estaban hablando tomados de la mano, se le dibujó una sonrisa y corrió hacia ellos, se colgó de las manos entrelazadas y se hamacó. La levantaron por el aire, luego el padre la alzó sobre sus hombros y los tres fueron hacia la cocina.
Carmen tenía otra cara, comió todo el puré chino y una milanesa. Los padres la abrazaron y la llenaron de besos. La pequeña disfrutó.
–Bueno, ahora que comiste todo te voy a contar algunas cosas pero no todas, para saber todo vas a tener que seguir comiendo –dijo el padre y como si estuviera dando una clase de historia continuó relatando–. La papa fue llevada de América a Europa por los españoles hace muchos, muchos años. Así se convirtió en un alimento básico en todo el mundo y muchos países como por ejemplo Rusia, Polonia y Alemania comenzaron a comer mucha papa.
Carmen seguía prestándole mucha atención, él continuó contando:
–Ahora, en estos años, el país donde más comen papa es en China –el padre hizo un gesto con las manos–, ¿y eso sabes por qué hija?, por el puré chino.
Carmen se puso ansiosa y quería saber el por qué de todo, necesitaba detalles. Se quedaron por largo rato los tres sentados a la mesa conversando. Cuando el padre finalizó la historia, Carmen con cara triste preguntó:
–¿Papi, algún día vas a volver a ir a China?
–No, no hija –contestó mirando a la esposa.
Todos se fueron a dormir. Al rato de estar acostados Carmen se dirigió a la habitación de los padres y pidió dormir junto a ellos. Le hicieron un lugar en el medio de la cama y ella rápidamente lo ocupó. Con los ojitos brillosos sonrió y se durmió feliz.
Al otro día el padre no se fue de la casa después del almuerzo como lo hacia últimamente y la madre dejó de tejer, los tres siguieron hablando de China y todo lo que había aprendido el padre como cocinero. Carmen había almorzado todo lo que le sirvieron, viendo a sus papás hablando, cercanos el uno al otro, se le había abierto el apetito. Fueron unos exquisitos mostacholes con salsa de tomate, también cocinados por el padre.
Por la tarde mientras Carmen jugaba, el padre se sentó al lado de su esposa, le tomó la mano y dijo:
–Estuve meditando sobre nosotros, quiero pedirte perdón.
Ella lo besó con emoción, mientras que Carmen los espiaba desde la otra punta del living. Al ver al padre acariciando a la madre corrió a abrazarlos y dijo:
–Tengo hambre, ¿cuándo comemos?
Los padres rieron a carcajadas pensando que la historia del puré chino había resultado muy útil.
lunes, 19 de febrero de 2007
Miedo a los bichos repugnantes
Realmente ya no me preocupa recordar mi pasado, seguramente la naturaleza de este olvido debe tener una causa. Si los médicos no mejoran mi estado, seguro que un psicólogo si; igualmente no voy a tener contacto con ninguno de esos dos tipos de profesionales; cuestiones personales, el miedo a caer en la trampa, siempre te encuentran algo, de eso dependen ellos, de encontrar trastornos en la gente. Hoy decidí bañarme, aunque el agua fría no me reconforta. Cuando desperté esta mañana el olor que tenía mi cuerpo me hizo dudar sobre donde había pasado la noche, quizás dormí dentro de un frasco de picles y algún alma se apiado de mi infortunio llevándome a la cama minutos antes que despertara, evidentemente no pudo evitar que el olor a vinagre haya quedado impregnado en mi cuerpo. Cuando terminé, mi cuerpo olía a limpio, me seque con la toalla que estaba allí, colgada en ese perchero… ¿perchero?, bueno, colgada en una pared del baño. Mientras me secaba mire el retrete, tenia la tapa abierta. Entre la tapa y el retrete se encuentra ese anillo o tabla que sirve para apoyar parte de las nalgas y parte de las piernas de manera que todo lo que se evacúa se deposite en el lugar correcto. Me pregunto ¿para que sirve esa parte intermedia?, el propósito de la tapa queda claro, pero ese anillo ¿que función cumple? Si pensamos que es la parte higiénica, limpia o pura que aisla la suciedad, estamos equivocados. Piensen unos instantes en que las cosas están limpias porque las limpiamos, del mismo modo que limpiamos ese anillo podemos limpiar la parte del retrete que sirve de apoyo a dicha tabla. Bueno, quizás yo no lo entienda. Igualmente el punto que quería tratar es mi miedo a sentarme en el retrete. No se si a ustedes también les sucede lo mismo, diríamos que es una sensación de inseguridad. Siempre desconfié de ese agujero lleno de agua que se ve en el fondo del retrete. ¿Dónde va a parar todo?, ¿que tipo de alimañas o bichos residen allí dentro? Imagínense, siempre uno se encuentra en una posición tranquila, indiferente, descuidada, sin pensar que algún día uno de esos bichos puede decidir salir a buscar la fuente de su alimento. Y peor me pongo si pienso que esas alimañas pueden tener dientes. Espero que mi destino nunca me permita experimentar un ataque de semejante bicho asqueroso. Siempre dejo que corra agua por el desagüe antes de sentarme, tres o cuatro veces, creo que es suficiente para empujar a cualquier bicho curioso hacia el fondo, creo que de esa manera le tomará mas trabajo subir y mientras tanto que el repugnante bicho reanuda la subida yo puedo evacuar rápidamente mis excrementos. Después vuelvo a dejar correr agua por el desagüe tres o cuatro veces y como para estar seguro que nunca va a salir, cierro la tapa del retrete, y por si eso no fuera suficiente para contener a esa clase de bicho, le pongo una planta encima, una que tiene unas margaritas amarillas.
viernes, 16 de febrero de 2007
Revento como un sapo
Si supieran lo molesto que es no recordar nada. Hoy a la tarde salí a la calle sin rumbo definido, tampoco hubiera podido definirlo. Después de atravesar la ultima puerta me encontré con un quiosco de revistas; me acerque y me quede mirando al tipo que estaba dentro de ese recinto, ¿cómo cuernos se llama?, ¿quiosco? Me saludó, obviamente me conocía y obviamente yo no. Para disimular lo saludé y me puse a mirar las revistas. En ese mismo momento me percate que estaba en medias, unas de toalla negra. Bueno, en definitiva ya estaba allí. Me llamó la atención un diario, no por el color amarillo estridente, sino por la noticia de tapa: “Reventó como un sapo”. No quería moverme, me daba vergüenza estar en camiseta, pantalón de piyama de verano, esos que son cortos, que parecen un calzoncillo, y en medias; el señor, ese que me saludó, el que aparentemente atendía, se ve que se dio cuenta que me había interesado saber mas sobre ese titular y me lo alcanzó. Directamente busque la página 163 donde se detallaba la noticia. Intente figurarme como es reventar como un sapo y me imaginaba al pobre batracio inflado con aire, con los ojos desorbitados a punto de estallar, cosa horrible. Igualmente, infiriéndolo del titular, no había sido un sapo el que reventó. Comencé a leer: Ramón Guirlacio había muerto por explosión espontánea. Seguí leyendo. Ese tipo, Ramón, decía la nota, era un tipo cerrado, sumiso. La investigación a cargo de la división de criminología de la policía había llegado a la conclusión que había muerto por obediente. Aparentemente un testigo había declarado que el carácter de Ramón no lo ayudaba. Había unas fotos de la escena del crimen espantosas, pedazos de Ramón dispersos por toda la habitación. Bueno, supuse que esos eran los restos de Ramón influido por las aclaraciones de la foto, yo a Ramón no lo conocía, no conozco a nadie. Seguí leyendo, la intriga de saber por qué había explotado me hizo llegar a la parte de la nota donde se explicaba las causas del tal horroroso deceso. Ramón tenía serios problemas fisiológicos derivados de su carácter. Su novia, después su mujer, le tenía terminantemente prohibido expulsar los gases intestinales por el ano, argumentando que eso era una actitud ordinaria y destinada a personas de poca educación. La flatulencia lo termino matando, dijo el comisario a cargo de la investigación. No quise seguir leyendo, pensé en el esnobismo de la mujer de Ramón y me la imagine defecando. Que enfermedad la de Ramón, pobre diría mi madre, mas que nada por haberse aguantado a semejante pelotuda, claro pero quizás nunca se dio cuenta. Le deje el diario, le agradecí, me di media vuelta y volví a entrar a, lo que suponía, era mi casa, tenia necesidad de escribir en la computadora. De una cosa estoy seguro, yo no me voy a prohibir nunca eso que terminó matando a Ramón.
jueves, 15 de febrero de 2007
No me acuerdo de nada
viernes, 12 de enero de 2007
Nuevo Cuento
Creo que para febrero voy a tener terminada la primer versión "presentable", ya tengo armado el personaje, los argumentos y el final, así que solo resta sentarse, escribirlo, y como ya aprendí: horas y horas de corrección. Así que, aquellos que tengan una opinión, espero la vuelquen en el blog.