viernes, 16 de febrero de 2007

Revento como un sapo

Si supieran lo molesto que es no recordar nada. Hoy a la tarde salí a la calle sin rumbo definido, tampoco hubiera podido definirlo. Después de atravesar la ultima puerta me encontré con un quiosco de revistas; me acerque y me quede mirando al tipo que estaba dentro de ese recinto, ¿cómo cuernos se llama?, ¿quiosco? Me saludó, obviamente me conocía y obviamente yo no. Para disimular lo saludé y me puse a mirar las revistas. En ese mismo momento me percate que estaba en medias, unas de toalla negra. Bueno, en definitiva ya estaba allí. Me llamó la atención un diario, no por el color amarillo estridente, sino por la noticia de tapa: “Reventó como un sapo”. No quería moverme, me daba vergüenza estar en camiseta, pantalón de piyama de verano, esos que son cortos, que parecen un calzoncillo, y en medias; el señor, ese que me saludó, el que aparentemente atendía, se ve que se dio cuenta que me había interesado saber mas sobre ese titular y me lo alcanzó. Directamente busque la página 163 donde se detallaba la noticia. Intente figurarme como es reventar como un sapo y me imaginaba al pobre batracio inflado con aire, con los ojos desorbitados a punto de estallar, cosa horrible. Igualmente, infiriéndolo del titular, no había sido un sapo el que reventó. Comencé a leer: Ramón Guirlacio había muerto por explosión espontánea. Seguí leyendo. Ese tipo, Ramón, decía la nota, era un tipo cerrado, sumiso. La investigación a cargo de la división de criminología de la policía había llegado a la conclusión que había muerto por obediente. Aparentemente un testigo había declarado que el carácter de Ramón no lo ayudaba. Había unas fotos de la escena del crimen espantosas, pedazos de Ramón dispersos por toda la habitación. Bueno, supuse que esos eran los restos de Ramón influido por las aclaraciones de la foto, yo a Ramón no lo conocía, no conozco a nadie. Seguí leyendo, la intriga de saber por qué había explotado me hizo llegar a la parte de la nota donde se explicaba las causas del tal horroroso deceso. Ramón tenía serios problemas fisiológicos derivados de su carácter. Su novia, después su mujer, le tenía terminantemente prohibido expulsar los gases intestinales por el ano, argumentando que eso era una actitud ordinaria y destinada a personas de poca educación. La flatulencia lo termino matando, dijo el comisario a cargo de la investigación. No quise seguir leyendo, pensé en el esnobismo de la mujer de Ramón y me la imagine defecando. Que enfermedad la de Ramón, pobre diría mi madre, mas que nada por haberse aguantado a semejante pelotuda, claro pero quizás nunca se dio cuenta. Le deje el diario, le agradecí, me di media vuelta y volví a entrar a, lo que suponía, era mi casa, tenia necesidad de escribir en la computadora. De una cosa estoy seguro, yo no me voy a prohibir nunca eso que terminó matando a Ramón.

No hay comentarios.: