Un cuento de una persona a quien admiro por su estilo y exquisita narración. Por esas cosas de la vida trabajamos en la misma empresa durante varios años y en los últimos tiempos de ese grato compañerismo conocí su dote literario. Un cuento de JJ Aiello, disfrutenlo.
Difícil de leer
JJ Aiello, Julio de 2006
Sobre una idea de JF Ameghino
"That is not dead
Which can eternal lie
Yet with strange aeons
Even death may die."
H.P. Lovecraft
DIA 1
La causa se caratuló “muerte dudosa” y fue a parar al Inspector Figueras.
Cuando la policía finalmente entró tras forzar la puerta los vecinos se amucharon a la entrada del 4 b con ese morbo irracional y casi natural que mueve a mirar accidentes y muertos en circunstancias poco usuales, casi como si uno se alegraran de no ser el accidentado.
Habían sospechado que algo raro había sucedido porque los del 4 a notaron ese olor tan desagradable que salía del cadáver que ya empezaba a descomponerse y el encargado se dio cuenta que no veía al tipo del 4 b hacía bastante tiempo.
En el caso del 4 b, los vecinos casi ni conocían al occiso. Lo tenían de vista y algunos lo conocían de nombre: Raúl. Era un tipo que vivía solo y alquilaba el departamento de 1 ambiente, con ventana al pulmón.
Por lo que declararon los vecinos y el encargado del edificio, la policía supo que se había mudado hacía pocos meses y usaba el departamento solo a la noche. Lo veían todos los días salir vistiendo traje, camisa y corbata y llevando un bolso de esos que se han vuelto tan comunes en los últimos años, que son para llevar computadoras portátiles, pero que uno llena de papeles, libros, cuadernos y cosas así porque puede pagar el bolso pero no la computadora portátil.
Figueras se retiraba ese año y pensaba poner una casa de artículos de pesca en Chascomús. Siempre fue un tipo recto, de altos ideales y rápida acción. Viudo desde hacía varios años, con los hijos grandes y haciendo sus vidas, sus ocupaciones eran el trabajo policiaco y la pesca.
Fue al 4 b apenas le asignaron el caso. El oficial de guardia en el lugar esperó afuera mientras el Inspector revisaba el lugar.
Ya habían retirado el cadáver. No había signos de violencia. El departamento constaba de un ambiente, cocina/lavadero y baño. Una banderola en el baño, un extractor en la cocina y una ventana bastante grande, que daba hacia el pulmón del edificio, eran la única ventilación que tenía el lugar.
Figueras empezó a tomar notas de lo que había a la vista. Un sofá-cama sin deshacer, una mesa rebatible armada con una carpetita y un bowl con frutas de cera encima; dos sillas, una biblioteca con libros, y un mueble con una computadora encendida.
Raúl había sido encontrado muerto sentado en una de las sillas frente a la computadora. La otra silla estaba dispuesta frente a la mesa rebatible. Había una luz en el techo y un velador en el mueble de la computadora.
Figueras se tomó unos segundos para reflexionar un poco, y finalmente se sentó frente al mueble donde estaba la computadora. Pegados en los bordes del monitor había infinidad de calcomanías de lugares para pedir comida, y algunos de esos papelitos amarillos con un poco de pegamento que se usan para hacer anotaciones rápidas. En el escritorio había un papel con 5 nombres con una cifra al lado. 3 de ellos estaban tachados con una línea horizontal. Había además varias boletas de servicios e impuestos, todas a nombre de un tal H. Picardi, seguramente el propietario del departamento. Solo la banda ancha estaba a nombre de Raúl.
La computadora daba todas las señas de haber estado en uso justo antes de la muerte de Raúl, pues bajo el protector de pantalla estaba abierto el programa de correo e-mail, y el mensajero instantáneo. El programa de correo tenía un mensaje a medio escribir y al que le faltaba poner los destinatarios. El título del mensaje era “On neivra” y el texto parecía una especie de mensaje en un lenguaje desconocido. Figueras completó su dirección de correo e-mail en el campo de destinatarios y envió el mail a su casilla para examinarlo más tarde.
En el mensajero instantáneo había arriba de cien contactos, a juzgar por los apodos casi todos de sexo femenino. Estuvo tentado el Inspector de escribir un mensaje con algunos de los contactos, pero descartó la idea de inmediato.
Examinó el papel con los nombres, que eran nombres sin apellido, todos de varón; y buscó similitud entre los contactos del mensajero. Vio enseguida que estaban todos, e incluso algunos repetidos. Se guardó el papel y siguió revisando las carpetas de la computadora.
Le llamaron al celular para avisarle que habían averiguado dónde trabajaba Raúl y decidió ir al lugar a buscar algún indicio.
Era una oficina de importación y ventas de artículos de hardware y electrónica. Principalmente importaban de China y Taiwan y los distribuían por medio de reducidores que vendían on-line y por venta telefónica. Le explicaron que el trabajo de Raúl era la logística de distribución y la atención de algunos canales de gran volumen de ventas.
Los nombres en el papel resultaron ser compañeros de trabajo que le estaban entregando a Raúl dinero para un regalo de cumpleaños de otro compañero.
Por lo que pudo saber, Raúl era un tipo metódico y pacífico que se llevaba bien con todos. En realidad no es que se llevara bien; más bien era indiferente a todos y eso evitaba problemas. De todas maneras todos se sintieron muy afectados al saber que había muerto. Especialmente una chica que rompió a llorar desconsoladamente. El Inspector le pidió que después del trabajo le llamara para que le cuente lo que supiera sobre Raúl. Ella le prometió que le llamaría y se despidieron hasta más tarde.
De inmediato el Inspector regresó al departamento de Raúl a fin de concluir con sus pesquisas.
Examinando la biblioteca descubrió varios libros sobre programación de computadores, sistemas de seguridad para Internet, libros de esoterismo, varios libros de autoayuda y unas pocas novelas, todos best-sellers de Stephen King y autores del mismo género literario.
Volvió a la seccional para empezar a ordenar lo que había averiguado y almorzar algo. Después de comer estuvo discutiendo sus hallazgos con sus colegas. Las conclusiones que podían llegar a sacar eran muy vagas y decidieron que lo mejor sería indagar un poco más en el trabajo y con los vecinos, y esperar el resultado de la autopsia, que seguramente sería al día siguiente.
Puestas así las cosas, Figueras se dedicó unas horas a ayudar a sus colegas en los respectivos casos.
Pasadas las 6 de la tarde la compañera de trabajo de Raúl llamó al número que Figueras le había dado y quedaron en encontrarse en un bar. Figueras no quería ahuyentar a la chica citándola en la seccional.
La chica se llamaba Marcela y trabajaba en la misma área que Raúl. Le contó al inspector que él había estado en el trabajo desde antes que ella y que le había ayudado mucho a hacer bien su trabajo. Ella lo quería más que a los demás compañeros y aunque no tenían una amistad profunda habían salido un par de veces al cine y a comer algo. Figueras supo por Marcela que Raúl estaba intentando mejorar en su trabajo haciendo cursos de computación. También supo que Raúl tiraba el Tarot y leía la borra del café. Marcela no tenía mucha más información y parecía sincera así que Figueras la dejó ir con la advertencia que le avisara si pensaba viajar, en caso que la policía tuviera que indagar alguna otra cosa.
DIA 2
La autopsia reveló muerte súbita. No había signos de intoxicación, ni substancias venenosas, ni presencia de signos de sofocación por alergias, violencia, envenenamiento ni heridas de ningún tipo.
El secretario del juzgado recomendó archivar la causa y al Inspector le pidieron un informe por pura formalidad para cerrar el caso.
Figueras no estaba muy conforme con el resultado del caso y le pidió al comisario inspector un poco más de tiempo antes de abandonar.
Lo primero que hizo fue ir al e-mail y sacar una copia impresa del mensaje misterioso.
Estuvo varias horas revolviéndose los sesos con el mensaje de marras y no conseguía engancharle la vuelta.
Esa noche al llegar a su casa recibió una llamada desde Chascomús. La hermana de un gran amigo suyo, Arturo Bonpland, le avisaba que Arturo había fallecido hacía unos minutos.
Figueras manejó hasta Chascomús para dar el último adiós a su amigo y allá se enteró de dos detalles que lo perturbaron bastante. A Arturo lo había encontrado el hijo de la hermana tirado al lado de la PC con la que se entretenía resolviendo y diseñando juegos de ingenio y palabras cruzadas; y el médico de confianza de la familia había firmado de inmediato el acta de defunción para que no lo “tocaran”.
Figueras conocía bien al médico y fue a hablar con él. El médico, que además estimaba mucho a Arturo, le confesó a Figueras que en el acta había puesto infarto y paro cardio respiratorio, pero que en realidad, al examinarlo Arturo parecía un caso de muerte súbita. La postura del cuerpo, la expresión de la cara, la flaccidez de los miembros sugerían que simplemente se había desplomado sin vida.
Cuando después del entierro la familia le permitió a Figueras ver el lugar dónde había muerto Arturo, la obsesión le ganó terreno. En la pantalla de la PC estaba abierto el mail con un mensaje.
Título: “On neivra”
Remitente: “Osvaldo Figueras”
DIA 3
Figueras volvió a Buenos Aires perturbado e inquieto como nunca había estado. Las ideas se arremolinaban en su cabeza. Dos muertos de lo mismo en circunstancias similares, mucha casualidad y sin embargo un indicio imposible ¿Qué era ese mensaje? ¿Cómo había salido de su PC y aparecido en la de Arturo? ¿Sería un virus de esos que envían mensajes sin que uno lo sepa? ¿Pero cómo explicar las dos muertes frente a la pantalla del mensaje? Era una locura.
Al mediodía recibió otra noticia terrible. Un sobrino suyo, un chico estupendo de 19 años, había caído en coma. Figueras, ni sabe cómo, le preguntó a la voz del teléfono si el chico estaba usando la computadora cuando sucedió la tragedia. La respuesta casi lo mata: SI!
Febrilmente volvió al departamento de Raúl. Ahí tenía que estar la clave de todo. Era imposible pero Figueras estaba desesperado.
Llegado al departamento empezó a revisar de nuevo los datos de la computadora.
El amanecer lo sorprendió frustrado y agotado, pero no podía abandonar. Necesitaba una pista, una punta de donde aferrarse antes de perder el juicio. No se atrevería a comentar las ideas que tenía con sus colegas, no encontraba las palabras, no sabía bien cómo lo mirarían y definitivamente necesitaba algo más concreto.
De la computadora pasó a la biblioteca. Estuvo hasta la noche sentado en el piso leyendo párrafos sueltos de los libros de Raúl. Finalmente vencido por la presión y la fatiga descubrió leyendo la solapa de uno de los libros de esoterismo que se trataba de una publicación reciente y estaba escrito por una autora que residía en Buenos Aires.
Llamó al teléfono de la editorial que figuraba en la contratapa y una máquina contestadora le dijo que el horario de atención era de lunes a viernes de 8 a 17 hs y que esperara la señal si quería enviar un fax.
Colgó. Eran las once y media de la noche.
DIA 4
Se despertó vestido sobre la cama de su habitación, con el libro sobre el estómago. Fue al baño y la cara que vio al espejo le mostró un anciano agobiado y de pelos revueltos y barba crecida. Se enjuagó con agua fría y abrió la ducha para darse un baño.
Se tomó un café instantáneo, se duchó rápido, se vistió y salió con el libro para la editorial.
El hecho de ser policía le facilitó las cosas para dar con la autora.
Por lo que le adelantaron en la editorial era una señora bastante famosa en el circuito esotérico y no era muy afecta a las visitas inesperadas.
Figueras hizo caso omiso al consejo y antes que llamar por teléfono se fue hasta Belgrano y se presentó a la puerta del edificio donde vivía la señora.
Frente al portero eléctrico le explicó a la asistente de la Sra. Aurora que él era inspector de la policía y necesitaba consultar un tema muy importante. Lo dejaron subir a los pocos minutos.
La señora ocupaba todo un piso y Figueras fue recibido en un living casi en penumbras, alumbrado por unas velitas, con olor a sahumerio y decorado al estilo oriental. La asistente le ofreció sentarse en un sofá enorme y le pidió que aguarde unos momentos hasta que la señora lo recibiera.
Se entretuvo mirando los tapices que decoraban las paredes, todos motivos surrealistas: calaveras, diablos, símbolos, números....
La Sra. Aurora entró desplazándose sutilmente y de pié ante el Inspector extendió la mano para que se la besara.
Después le dirigió la palabra:
-Sé para que vino, y no puedo ayudarle. Lo recibí por educación y para que entienda que no tiene que molestarme.
-¿De veras sabe por qué vine?
-Vino a que le resuelva algo que su cabeza es incapaz de comprender. Siempre vienen policías incompetentes a fastidiarme.
-Bueno mire Sra. Ya me habían avisado que no le gustan las visitas, así que concédame solo una respuesta concreta y me voy para no molestarla más.
¿Una persona puede morirse por leer algo en una computadora? Le juro que solo puedo preguntárselo a usted, porque es algo que nadie más puede contestarme sin pensar que soy un loco.
-¿Usted piensa que soy estúpida? Señor Policía, hay verdades que nadie puede aceptar y seguir manteniendo la razón. Desde su punto de vista yo soy una loca y le diga lo que le diga no le va a servir para nada.
Entonces Figueras se arrodilló ante la mujer y le rogó que le escuchara antes de echarlo y le contó toda la historia de punta a punta.
La Señora lo escuchó sin interrumpirlo y finalmente le dijo:
-La magia que ud. describe es muy antigua y viene del rencor de los esclavos. Es Vudú de Haití y muy pocos pueden manejarlo. El Vudú sólo funciona si uno cree que va a funcionar. Estoy muy cansada Señor Policía, por favor váyase.
DIA 5
Estaba acorralado, loco, agotado. No sabía cómo resolver las cosas. Dos muertos, un chico agonizando, y él en medio de todo; de alguna forma responsable por Arturo y el chico, y tal vez más gente. ¿Cómo avisarles? ¿Cómo frenar la locura?
Entonces supo. Un mail era lo más rápido.
Se sentó y empezó a escribir una advertencia para enviarla a todos los contactos:
Título: “No leer el mensaje anterior”
...pero algo iba muy mal. Mientras escribía los dedos lo traicionaban y salían otras palabras:
Título:”On elre nemasej”
Borró, y probó otra vez. Era lo mismo. Una locura. Había oído hablar de la disgrafía, pero era distinto, el enfermo de disgrafía no se da cuenta de los errores, era distinto esto, era otra cosa.
Estuvo esforzándose en escribir y finalmente se le ocurrió una idea. Usaría el texto original para figurarse cómo era el cifrado y escribir la advertencia al revés y que quedara al derecho.
Buscó el papel impreso y no lo tenía. Buscó en los mensajes de e-mail y leyó:
“Seet se le ída ed ut ohar. Le moherb nalboc usmucibár a al amaig enarg. Is et aerrneipset ed neiuq eser y ed sal lafsat ed sut apserd essár repodanod la ellrag a al eitarr ed sol reumsot”
DIA 6
La hermana de Figueras había llamado a la seccional y eso los puso sobre alerta. Se dieron cuenta que hacía dos o tres días que no sabían de él y mandaron una patrulla al departamento.
Ahí lo encontraron: muerto frente a la computadora.
La causa se caratuló “muerte dudosa” y fue a parar al Inspector Rodríguez...
miércoles, 4 de abril de 2007
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