lunes, 19 de febrero de 2007

Miedo a los bichos repugnantes

Realmente ya no me preocupa recordar mi pasado, seguramente la naturaleza de este olvido debe tener una causa. Si los médicos no mejoran mi estado, seguro que un psicólogo si; igualmente no voy a tener contacto con ninguno de esos dos tipos de profesionales; cuestiones personales, el miedo a caer en la trampa, siempre te encuentran algo, de eso dependen ellos, de encontrar trastornos en la gente. Hoy decidí bañarme, aunque el agua fría no me reconforta. Cuando desperté esta mañana el olor que tenía mi cuerpo me hizo dudar sobre donde había pasado la noche, quizás dormí dentro de un frasco de picles y algún alma se apiado de mi infortunio llevándome a la cama minutos antes que despertara, evidentemente no pudo evitar que el olor a vinagre haya quedado impregnado en mi cuerpo. Cuando terminé, mi cuerpo olía a limpio, me seque con la toalla que estaba allí, colgada en ese perchero… ¿perchero?, bueno, colgada en una pared del baño. Mientras me secaba mire el retrete, tenia la tapa abierta. Entre la tapa y el retrete se encuentra ese anillo o tabla que sirve para apoyar parte de las nalgas y parte de las piernas de manera que todo lo que se evacúa se deposite en el lugar correcto. Me pregunto ¿para que sirve esa parte intermedia?, el propósito de la tapa queda claro, pero ese anillo ¿que función cumple? Si pensamos que es la parte higiénica, limpia o pura que aisla la suciedad, estamos equivocados. Piensen unos instantes en que las cosas están limpias porque las limpiamos, del mismo modo que limpiamos ese anillo podemos limpiar la parte del retrete que sirve de apoyo a dicha tabla. Bueno, quizás yo no lo entienda. Igualmente el punto que quería tratar es mi miedo a sentarme en el retrete. No se si a ustedes también les sucede lo mismo, diríamos que es una sensación de inseguridad. Siempre desconfié de ese agujero lleno de agua que se ve en el fondo del retrete. ¿Dónde va a parar todo?, ¿que tipo de alimañas o bichos residen allí dentro? Imagínense, siempre uno se encuentra en una posición tranquila, indiferente, descuidada, sin pensar que algún día uno de esos bichos puede decidir salir a buscar la fuente de su alimento. Y peor me pongo si pienso que esas alimañas pueden tener dientes. Espero que mi destino nunca me permita experimentar un ataque de semejante bicho asqueroso. Siempre dejo que corra agua por el desagüe antes de sentarme, tres o cuatro veces, creo que es suficiente para empujar a cualquier bicho curioso hacia el fondo, creo que de esa manera le tomará mas trabajo subir y mientras tanto que el repugnante bicho reanuda la subida yo puedo evacuar rápidamente mis excrementos. Después vuelvo a dejar correr agua por el desagüe tres o cuatro veces y como para estar seguro que nunca va a salir, cierro la tapa del retrete, y por si eso no fuera suficiente para contener a esa clase de bicho, le pongo una planta encima, una que tiene unas margaritas amarillas.

viernes, 16 de febrero de 2007

Revento como un sapo

Si supieran lo molesto que es no recordar nada. Hoy a la tarde salí a la calle sin rumbo definido, tampoco hubiera podido definirlo. Después de atravesar la ultima puerta me encontré con un quiosco de revistas; me acerque y me quede mirando al tipo que estaba dentro de ese recinto, ¿cómo cuernos se llama?, ¿quiosco? Me saludó, obviamente me conocía y obviamente yo no. Para disimular lo saludé y me puse a mirar las revistas. En ese mismo momento me percate que estaba en medias, unas de toalla negra. Bueno, en definitiva ya estaba allí. Me llamó la atención un diario, no por el color amarillo estridente, sino por la noticia de tapa: “Reventó como un sapo”. No quería moverme, me daba vergüenza estar en camiseta, pantalón de piyama de verano, esos que son cortos, que parecen un calzoncillo, y en medias; el señor, ese que me saludó, el que aparentemente atendía, se ve que se dio cuenta que me había interesado saber mas sobre ese titular y me lo alcanzó. Directamente busque la página 163 donde se detallaba la noticia. Intente figurarme como es reventar como un sapo y me imaginaba al pobre batracio inflado con aire, con los ojos desorbitados a punto de estallar, cosa horrible. Igualmente, infiriéndolo del titular, no había sido un sapo el que reventó. Comencé a leer: Ramón Guirlacio había muerto por explosión espontánea. Seguí leyendo. Ese tipo, Ramón, decía la nota, era un tipo cerrado, sumiso. La investigación a cargo de la división de criminología de la policía había llegado a la conclusión que había muerto por obediente. Aparentemente un testigo había declarado que el carácter de Ramón no lo ayudaba. Había unas fotos de la escena del crimen espantosas, pedazos de Ramón dispersos por toda la habitación. Bueno, supuse que esos eran los restos de Ramón influido por las aclaraciones de la foto, yo a Ramón no lo conocía, no conozco a nadie. Seguí leyendo, la intriga de saber por qué había explotado me hizo llegar a la parte de la nota donde se explicaba las causas del tal horroroso deceso. Ramón tenía serios problemas fisiológicos derivados de su carácter. Su novia, después su mujer, le tenía terminantemente prohibido expulsar los gases intestinales por el ano, argumentando que eso era una actitud ordinaria y destinada a personas de poca educación. La flatulencia lo termino matando, dijo el comisario a cargo de la investigación. No quise seguir leyendo, pensé en el esnobismo de la mujer de Ramón y me la imagine defecando. Que enfermedad la de Ramón, pobre diría mi madre, mas que nada por haberse aguantado a semejante pelotuda, claro pero quizás nunca se dio cuenta. Le deje el diario, le agradecí, me di media vuelta y volví a entrar a, lo que suponía, era mi casa, tenia necesidad de escribir en la computadora. De una cosa estoy seguro, yo no me voy a prohibir nunca eso que terminó matando a Ramón.

jueves, 15 de febrero de 2007

No me acuerdo de nada

Por lo que puedo leer ya hace más de un mes que no escribo. Si solo fuera que no escribo hace mas de un mes y nada más. Ahora estoy frente a una maquina; por lo que siento, no es mía. Maquina, me refiero a una computadora personal, no a otra cosa. Me levanto de la silla, quiero dar una vuelta y recorrer este lugar, que al parecer es un departamento. Ya está, ¡perdón! Sí, es un departamento; por lo que huelo y por lo que veo, pareciera que hace bastante tiempo que no se limpia, ni tampoco se ventila. Ventila, me refiero a que corra aire puro; puro me refiero al aire que circula fuera de este recinto oscuro, ese aire que viene de afuera; puro no queda nada, nada de nada. Que sensación de mierda, no me acuerdo nada, ni tengo ganas de acordarme nada. Esas camas que veo, dejan dormir a más de una persona: ¿Dónde mierda estoy? En tal caso, según la lógica tradicional o quizás según el sentido común ¿Dónde están los demás? Mejor dejo de escribir, me pongo a entender que es todo esto. Lo que me queda claro es que: este es un blog; por la foto que veo, y siguiendo nuevamente el sentido común, es un blog que escribo yo; me gusta escribir; estaba escribiendo un cuento.